CONCEJO DELIBERANTE
Cada concejal le cuesta a La Plata 17 millones de pesos al año
La relación costo-beneficio en el deliberativo platense es cuestionado por parte de la sociedad. Pocas sesiones, escasos resultados concretos y una reiteración de caras, los elementos de un cuerpo con poca acción.
Cada concejal le cuesta a La Plata 17 millones de pesos al año
De acuerdo al Presupuesto 2022 que el Concejo Deliberante sancionó por voto nominal y por mayoría a través de la ordenanza 12184, el gasto del mismo será de $ 406.605.653,00, lo que implica que cada concejal le costará a la ciudadanía platense un total de $ 16.941.900 al año.

Si esto lo dividimos por los 24 concejales que componen el cuerpo, cada uno de ellos producirá un gasto a los ciudadanos platenses de $1.411,825 por mes.

El número mete miedo, y de acuerdo a lo poco que se produce año a año en el Concejo Deliberante de la ciudad de La Plata, la pregunta cae de maduro…¿Se justifica semejante gasto para tan escaso aporte?

¿Se justifica semejante gasto?

Da toda la sensación de que, de acuerdo a las necesidades que hoy tiene el ciudadano común, mucho de ese dinero bien podría destinarse a otras cuestiones muy lejanas a un Concejo que se ha transformado en el lugar ideal para la rosca política.

Es que, amén de que se produzcan algunas ideas interesantes de legislar o proyectos que se puedan desarrollar en pos de un beneficio para el habitante de la ciudad, es inevitable comprobar que con el correr de los años los mismos terminan abortados por pujas políticas innecesarias y de tinte electoral.

Año a año se denota un llamativo retroceso en el nivel colectivo e individual de aquellos que llegan a estos lugares de poder ya que, si bien son elegidos por voto popular, alcanzan esos importantes lugares siendo verdaderos desconocidos del votante.

Las listas sábanas provocan que, detrás del candidato elegido como cabeza de la boleta, se sucedan listas de apellidos que no llegan por meritocracia sino por el dedo del poder que lo elije de acuerdo a la conveniencia política.

No extraña a la hora de saber los nombres de los nuevos concejales, que cada uno de ellos (al menos en su gran mayoría) llega de la mano de un intendente, legislador o gremialista, con el fin de que su voto esté asegurado para el interés del personaje o del sector que representan.

Se legisla poco, se rosquea demasiado

Poniendo énfasis en los números, fríos pero contundentes, el gasto que pagamos todos con nuestros impuestos para estos 24 concejales establecidos por voto democrático, dista mucho en la relación de ser justificados en un resumen anual donde quedan más en el recuerdo colectivo las peleas en el recinto que las leyes alcanzadas

¿Acaso no se ha transformado el Concejo en una caja de resonancia donde predica el rosqueo y la pelea innecesaria?

De esto no quedan dudas. No se entendería entonces cómo un concejal que crece y pasa a ser diputado, de un día para el otro “cae en desgracia”; y en vez de dejarle el lugar a otro, vuelve como aquel bañista que se abraza al salvavidas para llegar como sea a la orilla.

Poco importa si vuelve para cristalizar aquellos proyectos que no pudo llevar a cabo, el regreso es para seguir en el ruedo político y prepararse para trepar al lugar de poder que le vuelva a dar visibilidad.

¿Y la meritocracia? Muchos piden a gritos que el mérito sea el epicentro por el cual se llegue a puestos importantes en la ciudad.
Nos parece lógico, aunque muy contradictorio si luego notamos que las caras son las mismas y, en varios casos, convierten a su familia en una verdadera Pyme política.

Muchas veces parecen esconderse en distintos apellidos, pero a la hora de bucear en la información encontramos a muchos políticos que, con sueldos muy altos, arriman a su mujer, sus hijos, hermanos o bien alguna suegra que se anime.

El tema es facturar y posicionarse. Y aunque los índices hablan de la creciente pobreza existente, y mientras todos nos ajustamos los cinturones achicando gastos por donde se pueda, desde la política se establecen gastos incontrolables.

En vez de achicarse y entender que hay momentos donde no puede haber chofer, viáticos, viajes y placeres, se informa que, como pasa en el Concejo Deliberante, el presupuesto de un año a otro creció un 35%.

Escasas sesiones y muy costosa

Con las urgencias que vive el país, y obviamente la ciudad, y en medio de una pandemia (como si esto fuera poco), todos esperaron que la política no se fuera de vacaciones y siguiera trabajando en época estival.

Nada de eso. Se fueron promediando diciembre y volvieron a escena un 10 de marzo, casi un trimestre en donde todos cobraron pero pocos laburaron.

Risueñamente pensé que, como en el diccionario dice que un concejal, edil o regidor es un miembro seleccionado para la administración política, sentí que con lo que le costaba a los platenses este concejo bien podríamos tener sentado allí a cualquier integrante de la selección de Scaloni.

Lo concreto es que a lo largo de la mitad del 2022, solamente llevamos siete sesiones ordinarias y una especial (a razón de dos por mes) lo que parece una falta de respeto ante el tremendo deterioro social que vivimos.

Para colmo de males, algunas de esas sesiones quedaron frustradas porque uno de los bloques no bajo a sesionar, otras que apenas superaron las tres horas y en algún caso muy particular, aparece aquella que se postergo más de la cuenta pero que ni siquiera llega a alcanzar el número de horas a las que usted, seguramente, trabaja cada día de su vida.

Pero aquí el tema no es la duración de cada una de ellas sino el costo porque, teniendo en cuenta el gasto que significa el concejo y los originados con sus 24 ediles, cada sesión termina costándole a los platenses un vagón de plata.

Teniendo en cuenta el número de sesiones, en donde sobran las chicanas y los pases de facturas con escaso margen de proyectos, hoy cada una de ellas le implica al ciudadano un gasto de $ 4.235.475

Gastos corrientes que parecen invisibilizados y sin consideración por algunos pero que, a la hora de las cuentas, lucen imposibles de ocultar para las espaldas de quienes sostienen los distintos estamentos del estado.

El aporte que hace cada uno de los contribuyentes platenses para sostener el funcionamiento del Concejo Deliberante es demasiado alto como para sesionar cada 15 días, dándole la espalda a una ciudadanía ávida de soluciones de fondo.

Me fui cabizbajo y esperando que aquel “Cambalache” que escuchaba en la casita de los viejos, en la voz de Julio Sosa, perdiera actualidad.

Todo es igual, nada es mejor
Lo mismo un burro que un gran profesor…
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